Ensayo científico



10 Billion
(10 mil millones)
Stephen Emmott
Vintage Books (New York, 2013)
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¿Qué podemos entonces hacer?
Veámoslo de la siguiente manera: si descubriéramos mañana que hay un asteroide en trayectoria de colisión directa con la Tierra, y ⎯dado que la física es una ciencia bastante simple⎯ fuéramos capaces de calcular que va a impactar el planeta el 3 de junio de 2072, y supiéramos que este impacto eliminará 70 por ciento de toda la vida en la Tierra, los gobiernos de todo el mundo dirigirían a todo el planeta en una acción sin precedentes.
Todo científico, ingeniero, universidad y corporación sería reclutada: la mitad para buscar una forma de evitar el desastre, la otra mitad para encontrar una forma para que nuestra especie sobreviva si la primera opción fracasara.
Estamos casi exactamente en esa situación ahora, excepto porque no sabemos la fecha exacta y porque no hay tal asteroide.
El problema somos nosotros.
Por qué no estamos haciendo más sobre esta situación ⎯dada la escala del problema y su urgencia⎯ es algo que simplemente no puedo entender.
Gastamos ocho mil millones de euros en el CERN para descubrir evidencia de una partícula llamada el bosón de Higgs, que como puede que sí puede que no explique alguna vez el concepto de masa y proporcione una confirmación del “modelo estándar” de la física de partículas.
Y los físicos del CERN están orgullosos de decir que éste es el mayor y más importante experimento de la Tierra.
No es.
El experimento mayor y más importante de la Tierra es el que realizamos, en este momento, tomando como objeto la misma Tierra.
Solo un idiota podría negar que existe un límite a la cantidad de gente que puede soportar la Tierra. La pregunta es, ¿es siete mil millones (la población actual) o es veintiocho mil millones?
Yo creo que ya lo rebasamos. Con mucho.
Podríamos cambiar la situación en la que nos encontramos. Probablemente no tecnologizando nuestro escape, sino mediante un cambio radical de nuestra conducta.
Pero no hay una sola muestra de que esto esté pasando, ni siquiera estamos cerca de que empiece a pasar.
Yo creo que vamos a mantener la conducta que tenemos.
Como científico, ¿cuál es mi opinión acerca de la situación actual?
La ciencia es esencialmente escepticismo organizado. He dedicado mi vida a demostrar que mis conclusiones son erróneas o a buscar explicaciones alternativas a mis resultados.
Espero estar equivocado. Pero la ciencia indica que no lo estoy.
Como dije al principio, podemos decir que nuestra situación actual es una emergencia sin precedente.
Necesitamos urgentemente tomar medidas ⎯y quiero decir verdaderas medidas⎯ radicales para prevenir la catástrofe global. Pero no creo que lo vayamos a hacer.
Más bien creo que ya nos llevó el payaso. (I think we’re fucked.) (pp. 210-216)
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The End of the World: The science and ethics of human extinction
(El Fin del Mundo: la ciencia y la ética de la extinción humana)
John Leslie
Routledge (1996)
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Quiero presentar tres ideas, sobre tres temas distintos, que se relacionan con este libro, los temas son: cambio climático y fin del mundo, complejidades de la estadística y mecánica cuántica. Suena raro, ¿verdad? Veamos… Pero primero que nada hablemos del título. ¿Cómo iba a poder perderme este libro? Fin del mundo, ciencia y ética de la extinción humana. Hace algunos años me lo encontré y no pude evitar comprarlo y leerlo. Era un época en la que todavía no existía la aplicación ngrams que, como se sabe, permite averiguar en un instante cuántas veces aparece la palabra o frase deseada en los libros escritos en algún lenguaje seleccionado ⎯y contenidos en google books, colección que por asuntos legales de derechos de autor se dejó de acumular en 2009. Ahí uno se puede enterar cuándo se empezó a mencionar masivamente cambio climático o sustentabilidad y cómo ha crecido su uso desde entonces ⎯la primera frase representó, en 2008, el 0.0005% de las frases de dos palabras que aparecen en los libros escritos en inglés, la segunda representó el 0.00063% de las palabras usadas en los libros escritos en ese año. Menciono todo esto porque se me quedó grabado lo que dijo algún ingenioso sobre que por esa época había un exceso de libros con el título The end of …, pero ¡alás! no lo he podido checar, probablemente ni siquiera fue cierto. Lo cierto es que el libro cuenta una historia profunda con tres ramificaciones relevantes para mi estado actual de pensamiento. El ello actuó, como siempre, por su cuenta y me hizo recordar el libro. Mi procrastinación lo tuvo en el buró algunos meses y no se qué lo sacó de ese traspapelamiento y me hizo leerlo recientemente. Aquí vienen las tres ideas relacionadas.

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Misión de la Universidad
José Ortega y Gasset
Revista de Occidente (Madrid, 1930)
(Véase el documento en pdf adjunto a esta reseña)

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En estos tiempos de intenso ajetreo otorgamos mucha importancia a la novedad de las publicaciones que leemos, citamos, recomendamos y reseñamos ⎯los contenidos de la asignatura en mi Facultad deben contener “al menos una referencia que sea relativamente reciente (del 2005 para acá)”⎯. En contra de esta tendencia, me animé a leer el ensayo presente, escrito originalmente en 1930 cuando, cabe recordar, se amarraba a los perros con longaniza y no existía aún el cambio climático. No voy a hacer la recomendación general de que leamos documentos de hace casi cien años, pero luego de leer este ensayo creo que hay que reconsiderar nuestras modernas tradiciones y buscar otras obras como ésta, que podría haber sido escrita ayer por su actualidad ⎯aunque, ¡alas!, no así por su elegancia en el empleo de nuestro bello lenguaje.

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Mind and Cosmos: Why the materialist neo-darwinian conception of nature is almost certainly false
(Mente y cosmos: Por qué la concepción neo-darwiniana materialista de la naturaleza es casi seguramente falsa)
Thomas Nagel
Oxford University Press (Oxford, 2012)
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Como puede que sí, puede que no, lo más seguro es que quién sabe…
Sabiduría Popular

Las complejidades de este libro hacen trizas a las ⎯que en la comparación quedan como⎯ simplicidades de los libros que acostumbro leer: cambio climático, economía, historias de rockeros. No entendí ninguna de sus 128 páginas a la primera lectura, así que repetí y repetí para llegar a la conclusión de que puede que no haya entendido ninguna de sus 128 páginas, punto. Pero, valiente, ahí les voy con una reseña. El punto central, que garantiza la necesidad de oír estos argumentos, es lo que el autor ⎯o el editor, porque ya ven lo que hace un editor por ayudar con las ventas⎯ declara en el subtítulo: a la explicación inteligible de la vida y de la mente le hacen falta muchas cosas para considerarse satisfactoria. Y aquí es dónde empiezan las complejidades. Primero una social y luego una filosófica. La social es que hay montones de seres humanos que escucharán este argumento de un científico/filósofo/ateo/racional como un ataque a la ciencia/racional/inteligible representada en la concepción evolutiva neo-darwiniana: “los filósofos rechazan la evolución, dios existe”, dicen. Y ya hay comentarios sobre este libro entre la banda más ⎯retrógrada le quiero decir, pero ando cuidando mi forma de abusar de mi idiosincrasia⎯ religiosa. Esa discusión me la voy a saltar porque los mochos me dan güeva. El problema filosófico es mucho más interesante y empieza por explicar y explicar de qué se habla, en ocasiones para luego llevar la contra.
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Bankrupting Nature: Denying our planetary boundaries
(Naturaleza en bancarrota: La desatención a las fronteras planetarias)
Anders Wijkman & Johan Rockström
A report to the Club of Rome, Routledge (New York, 2012)
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Rockström es uno de los autores del paper de Nature de 2009 en donde se presentan las nueve fronteras planetarias a las que se acerca la humanidad —o que ya rebasó en al menos tres casos: nitrógeno, destrucción de especies y calentamiento global—. Ahora es coautor de este libro que porta el imprimatur del Club de Roma, lo que lo convierte en el trigésimo segundo libro en gozar de tal espaldarazo —para bien o para mal— luego del primero de la serie: Los Límites del Crecimiento (Limits to Growth, 1972) .
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El mundo finito: desarrollo sustentable en el siglo de oro de la humanidad
Carlos Amador Bedolla
Fondo de Cultura Económica — UNAM (2010)

El Mundo Finito

Hoy se presentó en la Facultad de Química de la UNAM mi libro. Pocas cosas tan emotivas. Muchas gracias a todo el mundo por su apoyo, ayuda, cariño. Va una pequeña muestra de lo que dice el libro en su primer capítulo.
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Starch grain and phytolith evidence for early ninth millennium B.P. maize from the Central Balsas River Valley, Mexico.
(Almidón de grano y fitolitos como evidencia de la presencia de maíz hace nueve mil años en el Valle Central del Río Balsas, México)
Piperno D. R., Ranere A. J., Holst I., Iriarte J., Dickau R.
Proc Natl Acad Sci USA <strong>106</strong> [13] 5019-5024 (2009).

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La ciencia moderna es principalmente egocéntrica o, si acaso, comunitaria. La más importante motivación de un científico, esa que l@ convence de trabajar largas horas, resolviendo complicadísimos problemas, es la importancia que tendrán sus descubrimientos y la admiración —y sana envidia— que ésta causará entre sus pares. Pero lo más común, lo que ocurre con la vasta mayoría de nosotros, es que no dispongamos de logros de ese tamaño. En esos casos optaremos por el pensamiento comunitario y defenderemos los logros de nuestros amigos, nuestros compañeros de universidad y, por último, de nuestros compatriotas. Y como en algunos países nos cuesta trabajo encontrar compatriotas con logros de ese tamaño, pues nos vemos obligados a buscarlos con mucho esmero. Déjenme presentarles un logro, mexicano, de a deveras.
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The Human Career: Human biological and cultural origins.
(La profesión humana: los orígenes culturales y biológicos de la humanidad)
Richard G. Klein.
The University of Chicago Press (2009)

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El paradigma científico postula la existencia de la realidad —no una realidad, sino la realidad—, y postula además que ésta es única y es cognoscible. Así nos educó la matemática —"el valor de pi […], que alguna vez fue presentado como constante y universal, es percibido ahora en su inescapable historicidad" dijo la burla de Sokal,† que era tan buena burla porque pi existe, es único y lo conocemos—, y nos lo han demostrado una y otra vez a lo largo de la época de oro actual de la humanidad la física, la química, la biología, la ingeniería, la medicina… Y mejor ahí le paramos porque empezamos a tener problemas conforme nos acercamos a la medicina ⎯la homeopatía no existe, pero cura⎯, la psicología, la sociología, la antropología social, la economía y la poesía moderna; en donde encontramos razones convincentes para discutir la existencia de una realidad y su cognoscibilidad. No me deja de preocupar el futuro de mi relación con mis amigamps de debate feminista luego de venir a contarles no sólo que existen razones convincentes para postular el origen de algunas de nuestras características como humanos —el bipedalismo, digamos— en la capacidad femenina de cuidar la prole y recibir alimentación de los machos —como si fuéramos curas del siglo… digo, de cualquier siglo—, sino además, de argumentar que es necesario conocer estos argumentos y, si se me permite la osadía, convencerlamps de que pertenecen a esa realidad única y cognoscible.
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The Medea Hypothesis: Is life on earth ultimately self-destructive?
(La hipótesis de Medea: ¿La vida en la tierra es a fin de cuentas autodestructiva?)
Peter Ward
Princeton University Press (2009)

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A finales de la década de 1970 —simultáneamente con The Wall de Pink Floyd y la aparición de The Police—, James Lovelock, un admirado científico con formación de químico y médico, quien había medido, gracias a un invento original, los clorofluorocarbonos en la atmósfera —y abrió así el camino al descubrimiento del agujero del ozono—, volvió famosa una idea —la hipótesis de Gaia— que él venía madurando desde los años sesenta (los mismos que entronizaron a The Beatles y Bob Dylan). Dicha hipótesis, como tantas otras ideas famosas, tiene significados distintos para la numerosa humanidad que la menciona, pero trataremos de concentrarnos, como lo hace Ward en el libro que nos ocupa, en el que podemos denominar su significado científico: la vida tiende a ajustar el ambiente —la temperatura, el pH del océano, la composición de los gases en la atmósfera— en condiciones que permitan su bienestar, el de la vida. O sea que cuando alguna causa provoca el aumento o la disminución del CO2 por fuera de las concentraciones atmosféricas que permiten la vida en la tierra, la vida misma se ajusta para que el CO2 deje de aumentar o de disminuir, y así la vida sigue. La causa que provoque un efecto contrario a la vida puede estar, desde luego, desprovista de volición, como la actividad volcánica o la colisión con un asteroide. Pero también puede provenir de la voluntad de uno de los múltiples representantes de la vida, por ejemplo la de los humanos de recorrer grandes distancias a gran velocidad a bordo de poderosos automóviles.
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Global Catastrophes and Trends: The next fifty years
(Catástrofes y tendencias globales: Los cincuenta años que siguen)
Vaclav Smil
The MIT Press (2008)

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Vaclav Smil no tiene comparación. Quizá lo recuerden. Es el profesor canadiense con quien coincidí hace dos años en Harvard al que “se la prenden unos foquitos en los ojos […] —justo a un lado de un letrero que no alcanzo a ver pero que juro que está ahí y que dice on— y empieza a hablar” Entre aquella visita y ahora, ya publicó dos libros (y tiene planes para publicar dos más este año y otros dos en 2010): Energy in Nature and Society ⎯que presentaremos en este espacio próximamente⎯ y el que ahora nos ocupa: Global Catastrophes and Trends: The next fifty years. Me imagino a Smil pensando “y ahora, ¿qué escribo?”, y respondiéndose inmediatamente que nos va a hacer una lista pormenorizada de las catástrofes ⎯las que le parecen amenazadoras y las que le parecen absurdas⎯ que podrían hacerle un serio daño súbito a la humanidad. Además, añade todas aquellas acciones globales en curso que pueden, poco a poco, destruir a la humanidad tal y como la conocemos. Y hace una cosa más: limita su estudio a lo que puede ocurrir con estas dos formas de tragedia —las catástrofes y las acciones globales— en los próximos cincuenta años, como diciendo que más allá de eso ya no nos garantiza nada.
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