June 2007



The Worst Hard Time
(Los tiempos más difíciles)
Timothy Egan
Mariner Books (2006)

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La historia es bastante directa. La pradera donde pastó el búfalo fue colonizada —la civilización moderna es una cosa de blancos, dice un personaje en Queimada de Pontecorvo— durante el siglo XIX, y el búfalo y los comanches fueron sustituidos por vacas y cowboys —el rancho XIT tenía ciento cincuenta mil cabezas de ganado y mil doscientos kilómetros de alambradas (el alambre de púas se inventó en 1874) en 1887. La pradera y sus pastizales formaron el ecosistema más grande de Norteamérica, con excepción del bosque boreal, con cobertura de 21% del área de Estados Unidos y Canadá actuales. En Texas, tan sólo, el ecosistema tenía 470 especies nativas. Pero, durante la segunda década del siglo XX, la presión demográfica y el destino manifiesto y el automóvil y los tractores y los fertilizantes modificaron una vez más el equilibrio económico y las vacas y los cowboys fueron sustituidos por agricultores con la misión de producir trigo y maíz. En la zona de las grandes praderas, la Homestead Act de 1862 fue modificada a principios del siglo XX para proporcionar 260 hectáreas por familia —o el doble si se invertía en irrigación. La zona que nos interesa para este remojo de barbas es la llamada vasija de polvodust bowl—, una zona de 250 km de ancho por 300 de altura en la frontera entre los estados de Nebraska, Colorado, Kansas, Nuevo México, Texas y Oklahoma. Esa zona produjo cantidades récord de maíz y trigo durante los años veinte. En coincidencia con buenos precios del grano en el mercado internacional, se generó una fiebre del oro agrícola y se crearon pueblos de la noche a la mañana.
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Creating the Twentieth Century:
Technical Innovations of 1867-1914 and Their Lasting Impact
(La creación del siglo veinte:
Las innovaciones técnicas de 1867-1914 y su impacto en la actualidad)
Vaclav Smil
Oxford University Press (2005)

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De nuevo con el tema Hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad. En los inicios del siglo veintiuno nos hemos acostumbrado a que la técnica en la que fuimos entrenados sea inconmensurable con la técnica en la que son entrenados los profesionales que nos reemplazarán cuando nos jubile el ISSSTE. O lo podemos ver así: durante la abrumadora mayoría de la historia de la humanidad el entorno vital de un individuo —sus quehaceres diarios, sus herramientas, sus costumbres, sus relaciones sociales, sus etapas de vida, en fin, su entorno vital— era el mismo que el de su madre, su abuelo, su hija y su nieto; en cambio, en los últimos cien años, el entorno vital de un padre es casi inconmensurable con el de su hija. O, enfatizando, como dice Smil
  • La enormidad del brinco posterior a 1860 es tal que la gente que vivía en 1913 estaba más apartada del mundo de sus bisabuelos que vivían en 1813 de lo que éstos últimos estaban, a su vez, de sus ancestros que vivieron en 1513. (p. 304)

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