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A man without a country
Kurt Vonnegut
Seven Stories Press (2005)


¿De qué se tratan los libros de Vonnegut? Los he leído todos —o casi todos— y la verdad es que no podría ponerme a contar ninguno de ellos. Según la lista que aparece en la edición de éste, que probablemente será el último de sus libros, hay veinticuatro previos. Algunos de ellos son clásicos de la literatura gringa: Matadero Cinco, Desayuno de Campeones, Hocus Pocus; en casi todos aparece su personaje caracerístico, Kilgore Trout. Pero no me acuerdo de una sola historia completa. De lo que sí me acuerdo es de la sensación siempre presente de que lo que está uno leyendo es divertido y es verdadero. De hecho, que las opiniones que se expresan a cada momento —porque Vonnegut es un escritor opinionated, si los hay— son exactamente las que uno tiene, como para aplicar el típico "¡Qué inteligente es Vonnegut, piensa lo mismo que yo!"

Desde luego, también está el problema del género al que se adjudica su obra. A la fecha, mucha gente lo considera un escritor de ciencia ficción. Él mismo explica que la gran mayoría de los críticos literarios —al menos en su país— estudiaron en el equivalente a una Facultad de Letras, donde se hace un esfuerzo generalmente exitoso para que no aprendan nada de ciencia ni de tecnología. Y donde les enseñan que los escritores que mencionan esos temas son escritores de ciencia ficción. Como él sabe algo al respecto, pues estudió Química (y lo refleja en sus libros), los críticos dicen que es un escritor de ciencia ficción. En cualquier caso, en 1997, con la publicación de su novela Timequake, Vonnegut anunció su retiro de la literatura. Pero cambió de opinión y armó este libro en el que incluye artículos que aparecieron anteriormente en la revista en donde publica una columna con frecuencia, además de material original.

Ahora bien, ¿de qué se trata este libro? Otra vez, quién sabe; otra vez, de opiniones, ciertas. Opina, por ejemplo, que el menor de los hijos en una familia sólo tiene como recurso, para participar en la conversación de los adultos, el sentido del humor, el chiste; así que está condenado a convertirse en el bromista de la familia. Opina que el legado principal de los esclavos en América para la humanidad es la música, el blues, en particular. Y cita a Albert Murray, un historiador del jazz, cuando dice que la tasa de suicidio entre los dueños de esclavos era mayor que entre los propios esclavos, porque los primeros no tenían la música que, como todo mundo sabe, espanta la tristeza. Bueno, cuando menos hace que se vaya a otro cuarto, como dice el mismo Murray. Opina también acerca de qué es lo que quieren las mujeres y qué es lo que quieren los hombres. Las primeras quieren tener mucha gente con quien platicar. Los segundos quieren tener muchos amigos y que no los regañen demasiado. Y así explica por qué hay tantos divorcios en la actualidad: en la familia moderna, que consta de esposo, esposa e hijos, la mujer no tiene suficiente gente con quien platicar y el hombre no tiene suficientes cuates. Eso se resolvía antes con la existencia de la familia extendida, tribal, con la que uno se casaba cuando se casaba con una muchacha. Pero ya nadie tiene familias extendidas en gringolia (a menos que uno sea Navajo o se apellide Kennedy).

Pero la opinión que más me gustó, la que más verdadera me pareció y la que revela a Vonnegut en toda su sabiduría es la siguiente. Y me permito citar un párrafo más bien largo,

  • ¿Les puedo decir la verdad? O sea, este no es el noticiero de la tele ¿verdad? Según yo, ésta es la verdad: todos nosotros somos adictos en estado de negación a los combustibles fósiles. Y como tantos otros adictos enfrentados a la suspensión repentina de su droga, nuestros líderes están cometiendo los más violentos crímenes para conseguir lo poquito que quede de lo que nos hace tanta falta.
    ...
    ¿Qué principio corresponde a este final? Algunos dirán que Adán y Eva y la manzana del conocimiento, que es un claro caso de entrampamiento institucional. Yo digo que el responsable es Prometeo, un Titán, hijo de dioses, quien, según el mito griego, le robó el fuego a Zeus y se lo dio a los seres humanos. Los dioses se enojaron tanto que lo amarraron encuerado a una roca, con la espalda expuesta para que las águilas le comieran el hígado. "La letra con sangre entra".
    Ahora es claro que los dioses tuvieron toda la razón al hacer eso. Nuestros primos los gorilas y los orangutanes y los gibones la han hecho bastante bien todo este tiempo alimentándose tan sólo de materia vegetal cruda, mientras que nosotros no sólo preparamos comidas calientes, sino que prácticamente hemos terminado en menos de doscientos años con este anteriormente saludable planeta como sistema viable para la vida, principalmente mediante la pachanga termodinámica con los combustibles fósiles.
    El inglés Michael Faraday construyó el primer generador eléctrico hace apenas ciento setenta y dos años.
    El alemán Karl Benz construyó el primer automóvil movido por un motor de combustión interna hace apenas ciento diecinueve años.
    El primer pozo de petróleo en EEUU, un hoyo seco en la actualidad, fue perforado en Titusville, Pennsylvania, por Edwin L. Drake hace apenas ciento cuarenta y cinco años.
    Y claro, los hermanos Wright, estadounidenses, construyeron e hicieron volar el primer aeroplano hace apenas ciento un años. Funcionaba con gasolina.
    ¿Estábamos hablando de pachanga termodinámica?
    Una trampa para ingenuos.
    Combustibles fósiles ¡tan fáciles de encender! Sí, y en este momento estamos despidiéndonos de los últimos vapores, gotas o pedazos de ellos. Se van a apagar todas las luces. Se acabó la electricidad. Todas las formas de transporte se van a detener, y el planeta Tierra pronto tendrá una capa de cráneos y huesos y máquinas muertas.
    Y nadie puede hacer nada a estas alturas. Es demasiado tarde.
    No es por echar a perder la fiesta, pero he aquí la verdad: hemos consumido los recursos de nuestro planeta, incluyendo el aire y el agua, como si no hubiera mañana, con el resultado de que ahora ya no hay mañana.

Vonnegut tiene ochenta y tres años. Y, a pesar de la muestra de aquí arriba, se las arregla para que su libro sea muy divertido.