The Worst Hard Time
(Los tiempos más difíciles)
Timothy Egan
Mariner Books (2006)

image

La historia es bastante directa. La pradera donde pastó el búfalo fue colonizada —la civilización moderna es una cosa de blancos, dice un personaje en Queimada de Pontecorvo— durante el siglo XIX, y el búfalo y los comanches fueron sustituidos por vacas y cowboys —el rancho XIT tenía ciento cincuenta mil cabezas de ganado y mil doscientos kilómetros de alambradas (el alambre de púas se inventó en 1874) en 1887. La pradera y sus pastizales formaron el ecosistema más grande de Norteamérica, con excepción del bosque boreal, con cobertura de 21% del área de Estados Unidos y Canadá actuales. En Texas, tan sólo, el ecosistema tenía 470 especies nativas. Pero, durante la segunda década del siglo XX, la presión demográfica y el destino manifiesto y el automóvil y los tractores y los fertilizantes modificaron una vez más el equilibrio económico y las vacas y los cowboys fueron sustituidos por agricultores con la misión de producir trigo y maíz. En la zona de las grandes praderas, la Homestead Act de 1862 fue modificada a principios del siglo XX para proporcionar 260 hectáreas por familia —o el doble si se invertía en irrigación. La zona que nos interesa para este remojo de barbas es la llamada vasija de polvodust bowl—, una zona de 250 km de ancho por 300 de altura en la frontera entre los estados de Nebraska, Colorado, Kansas, Nuevo México, Texas y Oklahoma. Esa zona produjo cantidades récord de maíz y trigo durante los años veinte. En coincidencia con buenos precios del grano en el mercado internacional, se generó una fiebre del oro agrícola y se crearon pueblos de la noche a la mañana.

Y luego llegaron la depresión y la sequía.

La historia que cuenta Egan está basada en una investigación periodística cabal que incluye entrevistas detalladas con los pocos testigos presenciales aún vivos —adolescentes en la época, de ochenta años en la actualidad—, consulta de archivos oficiales, diarios, fotografías, periódicos. Y su narrativa es emocionante. Las historias son una sucesión de desgracias. Primero, baja el precio del trigo y el maíz. Después, empieza la sequía. Y luego vienen las plagas: primero los banqueros, luego las tormentas de polvo y finalmente las langostas y grillos. La gente muere de silicosis. Los asentamientos se vuelven pueblos fantasma. Unos cuantos héroes deciden quedarse. Hay migraciones masivas.

Ahora sabemos que la solución, finamente balanceada, dispuesta por el azar de la evolución a lo largo de miles de años para esa zona geográfica incluye indispensablemente al pastizal, vegetación con raíces suficientemente intrincadas como para mantener la tierra —y sus nutrientes— en su lugar incluso frente a los vientos permanentes y las sequías recurrentes. Al retirar ese pastizal y reemplazarlo por un cultivo que pierde toda raíz cada año, el suelo voló.

Las tormentas de polvo son el fenómeno característico del lugar y de la época, con dos puntos álgidos. Las dos tormentas que alcanzaron a cubrir todo el este de los Estados Unidos y que ennegrecieron el cielo de Washington y Nueva York, y la tormenta del Domingo Negro, el 14 de abril de 1935. La imágenes fotográficas de esa tormenta son apocalípticas.
image
***

El evento de la Vasija de Polvo es un desastre ecológico producido por la fiebre civilizatoria de “siempre más”. Pero a fin de cuentas, es un desastre ecológico limitado a una zona en una época con la vida menos globalizada que en la actualidad. Una de sus enseñanzas acerca de la naturaleza humana es nuestra capacidad para la solidaridad, que es muy poca. En California los letreros que le daban la bienvenida a los migrantes provenientes de la Vasija de Polvo decían “Se prohibe la entrada a perros y Okies” (Okies por que venían de Oklahoma). No hay muchas razones para sorprenderse; durante la recesión
  • En el sur y en algunos lugares del norte, había letreros en los sitios de trabajo que decían, “no hay trabajo para negros —niggers— hasta que todos los blancos estén empleados”. (p. 227)

Pero la discriminación agarrra parejo:
  • Otros creían que los colonos de las praderas del sur eran simplemente demasiado tontos, genéticamente débiles, demasiado necios para merecer ayuda. “Para decirlo claramente, por el inescrutable designio divino, son inferiores”, escribió H. L. Mencken, uno de los más influyentes periodistas del país. Lo mejor que se puede hacer con ellos es esterilizarlos, dijo. (p. 227)

La otra enseñanza es la capacidad de recuperación y restauración que tiene un gobierno poderoso.
***

Hay una especie de paladín ecológico en esta historia. Hugh Bennett fue un funcionario con inclinaciones científicas y una preocupación permanente por la erosión de las tierras de cultivo. Como director de la Agencia de Conservación durante el gobierno de Roosevelt, dirigió el esfuerzo por mitigar el desastre de la Vasija. La chamba requería, como todas las chambas de restauración, desviar dinero escaso hacia una actividad que no es directamente productiva convenciendo a diversos políticos —lo mismo que hay que hacer ahora para el protocolo de Kyoto, sus extensiones, las fuentes renovables de energía, etcétera. Nadie, dicen sus contemporáneos, lo podía hacer mejor, ya que Bennett “combined science with showmanship”. Y mucha suerte:
  • Bennett tenía programada otra presentación ante el Senado a mitad de la semana. Luego de checar el avance de la tormenta de polvo, pidió una posposición. La tormenta que había alcanzado Nueva York y Washington el año anterior había alarmado a los políticos. Bennett se lo comentó así a un empleado: “Cuando la gente en las ciudades del Este comience a masticar el suelo de las praderas a tres mil kilómetros de distancia, muchos de ellos van a darse cuenta por fin de que en algún lado, algo muy malo está pasando con la tierra”.
  • Y quería que la volvieran a probar. El viernes 19 de abril, cinco días después del Domingo Negro, Bennett entró en el salón 333 del edificio de oficinas del Senado. Empezó con los cuadros, los mapas, las historias de lo que la conservación de la tierra es capaz de hacer, y con un reporte acerca del Domigo Negro. Los senadores oían, pero algunos no podían ocultar su aburrimiento. Alguien le dijo a Bennett, “ya viene”.
  • Esto motivó una larga digresión, que incluyó a Plinio y Jefferson. Unas bromas acerca de su propia granja y de lo difícil que era mantenerla. “Un ratito más”, le dijo el ayudante, “no tarda más de una hora”.
  • Bennett les contó cómo había aprendido de joven acerca del cultivo por terrazas, y cómo su padre usaba ese metodo, al igual que todos los granjeros en Carolina del Norte. Por cierto, ¿había mencionado ya que una pulgada de tierra con nutrientes puede desaparecer en una hora, pero toma mil años para restituirse? Piensen en eso. Un senador que veía por la ventana interrumpió a Bennett: “Ya está oscureciendo”.
  • Los senadores se acercaron a la ventana. A mitad de la tarde en pleno abril estaba oscureciendo. El sol desapareció. El aire se tiñó de un color cobrizo conforme la luz atravesaba la nube de polvo. Por segunda vez en dos años, la tierra de las praderas caía en la capital… “A esto me refiero”, dijo Bennett. “Ahí va Oklahoma”.
  • En menos de un día, Bennett tuvo su dinero y una agencia permanente para restaurar y mantener en buenas condiciones la tierra… (p. 228)

El gobierno compró la tierra que había regalado treinta años antes:
  • [P]agaba $2.75 por acre para recuperar un rancho. Parece poco, pero no que hubiera mejores ofertas. Una persona con media sección recibía $880 por la venta de la tierra y podía empezar de nuevo. En esa tierra, quizá, crecería de nuevo el pasto, o se volvería un desierto. En todo caso, iba a descansar… [p. 256]

  • Las praderas nunca se recuperaron del todo en la Vasija de Polvo. Al finalizar la década de los treinta, la tierra quedó dañada y alterada para siempre, pero en algunas zonas se recuperó. En total, el gobierno compró 6 millones de hectáreas de antiguos campos agrícolas e intentó reconvertirlos en pastizales. La intención original era comprar 35 millones de hectáreas. Luego de más de 65 años, parte de la tierra todavía es estéril y volátil… [p. 309]

En zonas ecológicamente equivalentes se construyen y habilitan actualmente mansiones con pastos manicurados y campos de golf.

Barbas a remojar.