American Nations: A History of the Eleven Rival
Regional Cultures of North America
(Naciones Americanas: Una historia de las once culturas regionales
que rivalizan por Norteamérica)
Colin Wodward
Penguin Books (2011)
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Leo una novela con Laura. El profesor de biología es viudo y tiene cuatro hijas chiquitas. Se apellidan Penderwick, leen y se educan, y ahora vacacionan en Arundel. La autora de la novela vive en Massachusetts. A dos cuadras de la casa de Brookline está Arundel Street. Otra. Doris Kearn Goodwin, también vive en Massachusetts, escribe ⎯famosamente durante estos quince minutos⎯ sobre Lincoln y ha escrito sobre como perdieron los Red Sox durante tanto tiempo y como los fans de estos escribieron tanto sobre eso. Otra. Sin sudar uno puede ir a escuchar un seminario, en el mismo día, en cada una de Harvard, MIT, Boston University, Tufts, Northeastern, Brandeis y ahí le paro no por falta de universidades a la redonda. Estamos en Nueva Inglaterra. Es Estados Unidos pero no hay monster trucks, ni nunca hubo esclavos. Calculo que he acumulado unos seis años de vivir en EEUU, más del 10% del tiempo que llevo vivo. Mi hija nació en ese país. Pero creo que el interés de un mexicano por ese país va más allá de este anecdotario. Interesante país el gabacho.

Colin Woodard ⎯que también vive en Nueva Inglaterra⎯ propone una fascinante clasificación, con perspectiva histórica, de una fracción del continente americano ⎯Norteamérica. Arranca con la aceptada distinción ente país ⎯lo que sea que permite la pertenencia a la ONU⎯ y nación ⎯lo que sea que motiva a amplias demografías a identificarse por lenguaje, cultura, raza, historia⎯, y declara que una gran región de México, todo Estados Unidos y todo Canadá ⎯tres países⎯ contienen once naciones perfectamente definidas, presentes, vivas y que interactúan permanentemente entre sí ⎯principalmente de manera conflictiva⎯ por su supervivencia y supremacía. Como casi todas las clasificaciones, se podrá acusar a ésta de reduccionista, simplificadora e imprecisa. Pero no me voy a detener en eso; lo que sí logra explicar la clasificación de Woodard es fascinante. Veamos.
Once regiones requieren un mapa. Y una lista (en dirección de las manecillas del reloj, empezando en el extremo superior izquierdo):
  1. La Costa Izquierda
  2. El Lejano Oeste
  3. La Primera Nación
  4. Nueva Francia
  5. Yanquilandia
  6. Nueva Holanda
  7. La Tierra del Medio
  8. Nueva Roma
  9. La Gran Apalachia
  10. El Sur Profundo
  11. El Norte
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Empecemos por El Norte. La nación, producto de una conquista, más antigua. Actualmente se extiende a lo largo de toda la frontera entre México y Estados Unidos y cubre totalmente los estados fronterizos mexicanos y multitud de condados en todos los estados fronterizos de EEUU más Colorado. Ahí viven los norteños, con lenguaje, cultura, raza e historia singulares, claras y distintas con respecto a las de cualquier otra de las once naciones. Su frontera ⎯dice Woodard⎯ rompe en dos partes esta nación a la manera en que el muro de Berlín rompió la nación alemana durante la Guerra Fría. Quizá haga más falta distinguirla del resto de México que del resto de EEUU. Quizá no. Porque los chilangos distinguimos perfectamente a los norteños, y viceversa. La perspectiva histórica de Woodard explica sus diferencias con el centro chilango: aislados del centro, desde su inicio, las regiones de El Norte sufrieron la centralización de la capital del virreinato; tenían prohibido comerciar independientemente y todas sus intercambios de bienes y servicios pasaban por México; la llegada del envío desde el centro ocurría típicamente cada dos o tres años pero, a pesar de esa desatención, estaban obligados a viajar a Europa —o para el caso más al Norte— vía Veracruz. Tales costumbres arraigaron y los norteños son individualistas, independientes y saben de contrabando. Luego de algunas malas épocas durante la primera mitad del siglo XX cuando se llegó a pronosticar con fundamentos la posible desaparición de El Norte como nación ante la invasión del Sur Profundo, la actualidad es extraordinariamente favorable para el futuro de esta nación. Dice Woodard
  • En 1970, 760,000 individuos nacidos en México vivían en los Estados Unidos, o cerca de 1.4 por ciento de la población mexicana. En 2008, ese número había aumentado diecisiete veces, a 12.7 millones, u 11 por ciento de todos los nacionales mexicanos del planeta. (p. 261)
  • [S]us números han aumentado rápidamente tanto en totales absolutos como en porcentaje de la población de la federación, lo que ha generado la idea de una reconquista de las tierras perdidas luego de la Guerra Mexicano-Americana. Constituida ya como la mayor minoría de EEUU, los hispánicos de todos los orígenes representarán una cuarta parte de la población total en 2025. En 2010, los norteños eran ya mayoría en Los Angeles, San Antonio y El Paso y la fracción mayor en el estado de Nuevo Mexico. (p. 310)
Su historia y sus características culturales son singulares y difieren de las de las otras diez naciones, aunque existen ciertas similitudes específicas.

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Vámonos con Yanquilandia y Nueva Roma. Las dos vienen de Inglaterra, pero su mero origen es radicalmente opuesto. Yanquilandia fue fundada por ingleses que venían huyendo de la imposición monárquica y aristocrática imperante a la sazón en Inglaterra y que, por esa razón, traían tres ideas que han defendido hasta la fecha. La primera que la comunidad ⎯formada por miembros igualitarios⎯ está por encima de la individualidad, la segunda, que la organización comunitaria ⎯el estado⎯ debe y puede buscar el bienestar de la comunidad, la tercera que todo eso se logra a través de la educación de los miembros de la comunidad. Hay que aclarar que esas tres ideas no han evitado que los yanquis hayan sido responsables de aberraciones altamente criticables y de graves injusticias ⎯incluida la quema de brujas religiosamente provocada⎯, ni que no hayan limitado ⎯o incluso que estén limitando en la actualidad⎯ la inmigración; pero una vez aceptados como miembros de la comunidad los individuos en Yanquilandia han disfrutado de los resultados de esas tres ideas: igualdad, comunidad por encima de la individualidad con reglas que se aplican, y educación. Por eso tantos yanquis escriben, por eso todo mundo en Boston es profesor, por eso hay ahí más universidades que en ninguna otra parte del mundo. Woodard nos contará los detalles históricos de la fundación de Yanquilandia ⎯eso que se conoce como Nueva Inglaterra⎯ y de su expansión posterior que la llevó hasta los actuales estados de Michigan, Wisconsin, Minnesota y un cachito de Illinois. Esa historia incluye algunos detalles interesantes para mexicanos:
  • [E]n 1845 el Congreso de EEUU aceptó una ley para otorgar la categoría de estado a Texas ⎯estado esclavista, [que quede claro]. Predeciblemente el voto pasó a lo largo de líneas nacionales claras: Yanquilandia y las Tierras Medias en contra, Apalachia, Nueva Roma, Nueva Holanda y el Sur Profundo a favor. México se negó a reconocer la nueva frontera, que incluía territorio en conflicto en el valle del Río Bravo. Se enviaron fuerzas de EEUU al área, quienes bloquearon el acceso al río a la claramente mexicana ciudad de Matamoros. Luego de la consecuente escaramuza que el presidente James K. Polk (de Apalachia) disfrazó como una “agresión mexicana”, el parlamento de EEUU declaró la guerra con una votación de 174-14, en la que todos los votos en contra eran de representantes de Yanquilandia. (p. 213)
El archienemigo histórico de Yanquilandia es la Nueva Roma. También llegaron de Inglaterra pero no querían fundar una nación ideal, querían reproducir la que tenían allá ⎯a través de los benjamines a quienes ya no les alcanzaba una buena herencia en el viejo país⎯: una copia de la organización apenas postfeudal ⎯y aprovechando que no había tantas leyes todavía, feudal de plano⎯ con siervos de la gleba ⎯OK, luego de cinco años de trabajo podían recuperar su libertad y establecer su propio manor⎯ y una organización social aristocrática en la que los que opinaban, gobernaban y votaban eran los dueños de los manors existentes ⎯mujeres y pobres abstenerse. Los caballeros de los anuncios de Johnnie Walker, dispuestos a cuidar de las mujeres, y a hacer el bien a quienes son menos afortunados y desde luego no tan cultos, guapos, educados, ricos, de buena cuna, y, ¿mencioné ya ricos? Se sintieron igualitos que los romanos de dieciséis, dieciocho siglos atrás. Importaron miles de trabajadores de Escocia e Irlanda y establecieron lujosísimos manors alrededor de la bahía de Chesapeake y apenas un poco más adentro: Delaware, Maryland, Virginia y North Carolina. Interesantemente, su modelo de negocios estaba condenado por la historia y su papel ⎯muy importante en los primeros cien o doscientos años de la historia gringa⎯ habría de ser desplazado por sus amigos menos elegantes y más modernos del Sur Profundo.
El Sur Profundo no se anduvo con tonterías. ¿Siervos de la gleba? ¡No! Sus papás ya habían encontrado un mejor modelo de negocios en las Indias Occidentales ⎯Jamaica, Barbados, Las Bahamas, Trinidad y Tobago⎯, esclavos negros importados, de por vida, desde África. Con ese modelo le entraron al mismo negocio de los de Nueva Roma ⎯tabaco primero y algodón después⎯, pero con mucho mejores resultados económicos, lo que consiguió su expansión y su aumento demográfico a tamaños que acabaron desplazando a Nueva Roma como la potencia que enfrenta a Yanquilandia: South Carolina, Georgia, Mississippi, Lousiana, partes de Texas, partes de Florida. La Guerra de Secesión de los 1860’s fue un tiro derecho entre estos dos colosos y sus aliados. Woodard sostiene y demuestra que esa división está viva y define el día a día de la cultura, la política, la economía y la educación de EEUU y ⎯de paso⎯ buena parte del mundo.

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La Tierra del Medio y la Gran Apalachia son los aliados naturales de Yanquilandia y de El Sur Profundo, respectivamente, excepto que han encontrado la manera de ser también uno de sus principales opositores. Se parecen pero no son iguales. La Tierra del Medio está fundada con la misma idea de Yanquilandia: fundar un mundo mejor; pero sin las pretensiones universales de Yanquilandia, sin ser tan presumidos, digamos. Los Cuáqueros definen bien a los de la Tierra del Medio, ordenados, trabajadores, disciplinados, tolerantes y, principalmente, pacíficos. Conquistaron sus nuevas tierras sin armas ⎯entre negociando con los nativos originales y a través del apoyo nada pacífico del gobierno federal⎯, y así siguen. Dice Woodard que representan la imagen de lo gringo. La Gran Apalachia es lo opuesto. Ellos llegaron de los Borderlands de Escocia e Irlanda, en donde habían pasado ya decenas de generaciones defendiéndose de la asimilación al reinado inglés. Sus principales enemigos eran los de Nueva Roma. Sus diferencias, antónimos exactos; excepto en una cosa: violentos y orgullosos como aristócratas. Un altísimo porcentaje de los soldados en el ejército gringo en la actualidad proviene de esa zona.

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Y así por el estilo. La Costa Izquierda fue fundada por dos culturas: Yanquilandia en su campaña de educar al mundo llegó desde la costa. Los gambusinos y los pioneros que fundaron y cruzaron el Lejano Oeste llegaron en carretas. El resultado es una cultura mezclada, donde predomina el espíritu general de Nueva Inglaterra con la individualidad y el ecologismo de los pioneros. Actualmente son los principales aliados de Yanquilandia en la eterna lucha contra la ignorancia. Mantienen, con Yanquilandia, una metafrontera fundada en la aviación comercial. La tierra de en medio entre las principales ciudades de estas dos naciones se conoce como “flying over territory”, lugares sobre los que se vuela, pero no se visitan.

Nueva Holanda es un caso aparte. La única nación-ciudad ⎯ciudad estado les decían en Grecia primero y en la Italia del renacimiento, después⎯ que le queda al globo. Pero esa ciudad merece historia aparte.

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Finalmente un último comentario. ¿Qué nación hay que elegir si uno tiene la suerte ⎯buena o mala⎯ de tener que vivir en Norteamérica? Para alguien de cincuenta y dos años yo escojo la Costa Izquierda o Yanquilandia, sin duda. Para alguien de seis, me atrevo a decir lo siguiente, edúcate en Yanquilandia y capea la tempestad del siglo XXI en la Primera Nación, luego de pasar un rato por Nueva Francia.