Mind and Cosmos: Why the materialist neo-darwinian conception of nature is almost certainly false
(Mente y cosmos: Por qué la concepción neo-darwiniana materialista de la naturaleza es casi seguramente falsa)
Thomas Nagel
Oxford University Press (Oxford, 2012)
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Como puede que sí, puede que no, lo más seguro es que quién sabe…
Sabiduría Popular

Las complejidades de este libro hacen trizas a las ⎯que en la comparación quedan como⎯ simplicidades de los libros que acostumbro leer: cambio climático, economía, historias de rockeros. No entendí ninguna de sus 128 páginas a la primera lectura, así que repetí y repetí para llegar a la conclusión de que puede que no haya entendido ninguna de sus 128 páginas, punto. Pero, valiente, ahí les voy con una reseña. El punto central, que garantiza la necesidad de oír estos argumentos, es lo que el autor ⎯o el editor, porque ya ven lo que hace un editor por ayudar con las ventas⎯ declara en el subtítulo: a la explicación inteligible de la vida y de la mente le hacen falta muchas cosas para considerarse satisfactoria. Y aquí es dónde empiezan las complejidades. Primero una social y luego una filosófica. La social es que hay montones de seres humanos que escucharán este argumento de un científico/filósofo/ateo/racional como un ataque a la ciencia/racional/inteligible representada en la concepción evolutiva neo-darwiniana: “los filósofos rechazan la evolución, dios existe”, dicen. Y ya hay comentarios sobre este libro entre la banda más ⎯retrógrada le quiero decir, pero ando cuidando mi forma de abusar de mi idiosincrasia⎯ religiosa. Esa discusión me la voy a saltar porque los mochos me dan güeva. El problema filosófico es mucho más interesante y empieza por explicar y explicar de qué se habla, en ocasiones para luego llevar la contra.

Empecemos planteando el lugar de esta discusión: ocurre desde la idea de que el mundo es inteligible, es decir, que se puede entender racionalmente; o como dice Wikipedia, “que el mundo es comprensible por la mente humana”. Ésta es la idea que fundamenta la ciencia y la modernidad en un acto que, durante los últimos trescientos años, ha combinado la voluntad idiosincrática de muchos humanos de que el mundo sea inteligible, con los espectaculares logros de la ciencia para ayudar a convencernos de que, de hecho, lo es. Así hemos llegado a dominar intrincadísimos detalles de la química, de la bioquímica, del origen del universo. Así hemos llegado a dominar intrincadísimos detalles de la existencia de vida en el planeta: generación, conservación y evolución.

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Pero la hipótesis de inteligibilidad del mundo es muy demandante. No me refiero a lo que hace que muchos científicos —recuérdese que los científicos tienen que suponer la inteligibilidad para poder trabajar; [el mundo] no solo se puede describir, sino entender (p. 16)—, renuncien a la inteligibilidad más allá de su ciencia y sean religiosos o, peor aún, crean en chakras o en el feng shui. (Aunque no puedo dejar de ofrecer el diagrama de Venn de la irracionalidad, véase la Figura.) Me refiero a los problemas más serios con la demanda infinita de principios apriorísticos. La inteligibilidad supone —descubre— la existencia de un orden natural oculto a la percepción humana. El problema surge ante la pregunta sobre ¿qué explica la existencia de este orden? En la historia de la ciencia hemos pasado por varios momentos en que creímos haber encontrado el principio fundamental de una de sus ramas —protones, electrones y neutrones, por ejemplo— para luego movernos a un nivel más fundamental —quarks— y aún más fundamental —cuerdas. Pero en el fondo —final o temporal— de esta serie, cabe aún la pregunta ¿por qué las cuerdas? ¿por qué el big bang? Así:
  • La pregunta más importante dentro de la cual está inmersa la ciencia natural es también la pregunta más importante de la filosofía —a saber, ¿de qué forma o formas es inteligible el mundo? (p. 18)

Porque bien puede ser que la inteligibilidad del mundo esté limitada y que sólo podamos llegar hasta cierto nivel de explicaciones por encima de las cuales la única respuesta es por que así es el mundo —a quienes creen que la inteligibilidad del mundo es total, es decir, que todo se podrá describir, explicar y comprender, Nagel los llama idealistas absolutos o idealistas objetivos, en un interesante círculo de serpiente que se come la cola ya que, en mi opinión amateur, el idealista subjetivo está entre los más alejados a aceptar la inteligibilidad del mundo.

Nagel se define idealista objetivo absoluto. Y dice así del estado actual de la teoría de la evolución
  • La física y la química han perseguido este objetivo [la explicación de todo lo que existe y todo lo que ocurre mediante las leyes que gobiernan el universo físico] con espectacular éxito. Pero el gran paso hacia adelante en el progreso de la concepción materialista hacia el ideal de la completitud fue la teoría de la evolución, posteriormente reforzada y enriquecida por la biología molecular y el descubrimiento del DNA. La teoría evolucionaria moderna ofrece una imagen general de cómo la existencia y el desarrollo de la vida pueden ser sólo otra consecuencia de las ecuaciones de la física de partículas. Aun cuando nadie tiene todavía una idea funcional sobre los detalles, es posible especular que la aparición de la vida fue el producto de un proceso químico gobernado por las leyes de la física, y que la evolución posterior se debe, asimismo, a las mutaciones químicas y la selección natural que son también consecuencias súper complejas de los principios físicos. (p. 19)

Nos faltan detalles, dice el idealista absoluto. ¿Puro azar de reacciones químicas a lo largo de mil millones de años —cuatro mil quinientos millones de la Tierra menos tres mil quinientos de la existencia de vida en ella— generan vida y DNA? O nos falta descubrir algo que ayude a explicar la sorprendente irrupción de la vida en el planeta. Ya de perdida otro evento azaroso que nos refuerce la confianza de que nuestra historia es poco probable pero nada más. ¿Qué tal vida en otro planeta, por ejemplo? Y ni empezar a hablar de otros detalles, como el de la mente y la conciencia. ¿Las reacciones de las leyes físicas y químicas acaban en conciencia para una sola especie? ¿Por qué?

Esas son las preguntas de Nagel, el idealista objetivo absoluto. Nada más lejano a los mochos gringos del diseño inteligente. Pero, en un acto elemental —que otra cosa se puede esperar de ellos, dice mi idiosincrasia— de aplicación del dictum “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”, han interpretado esta crítica de la completitud de la teoría de la evolución presente como agua para su molino. Yo les diría: lean, si pueden, algo más que el título de este libro. Es una cabeza que los está alcanzando por la cola.