The End of the World: The science and ethics of human extinction
(El Fin del Mundo: la ciencia y la ética de la extinción humana)
John Leslie
Routledge (1996)
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Quiero presentar tres ideas, sobre tres temas distintos, que se relacionan con este libro, los temas son: cambio climático y fin del mundo, complejidades de la estadística y mecánica cuántica. Suena raro, ¿verdad? Veamos… Pero primero que nada hablemos del título. ¿Cómo iba a poder perderme este libro? Fin del mundo, ciencia y ética de la extinción humana. Hace algunos años me lo encontré y no pude evitar comprarlo y leerlo. Era un época en la que todavía no existía la aplicación ngrams que, como se sabe, permite averiguar en un instante cuántas veces aparece la palabra o frase deseada en los libros escritos en algún lenguaje seleccionado ⎯y contenidos en google books, colección que por asuntos legales de derechos de autor se dejó de acumular en 2009. Ahí uno se puede enterar cuándo se empezó a mencionar masivamente cambio climático o sustentabilidad y cómo ha crecido su uso desde entonces ⎯la primera frase representó, en 2008, el 0.0005% de las frases de dos palabras que aparecen en los libros escritos en inglés, la segunda representó el 0.00063% de las palabras usadas en los libros escritos en ese año. Menciono todo esto porque se me quedó grabado lo que dijo algún ingenioso sobre que por esa época había un exceso de libros con el título The end of …, pero ¡alás! no lo he podido checar, probablemente ni siquiera fue cierto. Lo cierto es que el libro cuenta una historia profunda con tres ramificaciones relevantes para mi estado actual de pensamiento. El ello actuó, como siempre, por su cuenta y me hizo recordar el libro. Mi procrastinación lo tuvo en el buró algunos meses y no se qué lo sacó de ese traspapelamiento y me hizo leerlo recientemente. Aquí vienen las tres ideas relacionadas.



Empecemos con el libro y por tanto con la estadística. A riesgo de meterme en problemas con los matemáticos profesionales, y en particular con los estadísticos profesionales ⎯que no sé siquiera si son considerados matemáticos bona fide por los matemáticos más estrictos⎯ me permito opinar que las matemáticas son el lugar más seguro del pensamiento humano donde lo cierto es cierto, lo falso es falso y ⎯casi siempre⎯ hay manera de saber de qué lado está la pregunta que nos ocupa. Pero para complicar las cosas, en ese mundo tan sencillo y ordenado vive la estadística, que maneja sus teoremas que son ciertos ciertos, que se separan con toda claridad de lo que es falso falso. El problema es que la estadística trata con el superespinoso tema de la probabilidad. Porque la probabilidad ⎯cuyas bases profundas son tan ciertas como las que más⎯ se refiere a predicciones que como puede que ocurran puede que no ocurran, y lo más seguro es que quién sabe. En particular cuando se aplica a un caso específico, que es para lo que la queremos. ¿Sabemos si lloverá mañana basados en que la probabilidad es 70%? No. Si logramos juntar diez mundos paralelos idénticos, en siete lloverá mañana y en tres no. Bueno, puede que sean seis y cuatro u ocho y dos, o hasta nueve y uno. Para ir más a lo seguro mejor juntemos cien mundos paralelos idénticos ⎯en 700 llueve, en 300 no⎯ o mejor aún cien millones ⎯en 70,000,023 sí, en 29,000,077 no⎯ o de plano un número de Avogadro de mundos idénticos 421,612,345,698,732,190,307,140 a 180,687,654,301,268,060,192,111. La probabilidad ⎯y la estadística en general⎯ sirve de manera exacta en la química ⎯donde el número de Avogadro es moneda corriente⎯ y sirve bien en la bioquímica ⎯donde una millónesima de número de Avogadro es moneda corriente⎯ y sirve un poco menos en las finanzas ⎯donde ni Slim tiene dinero comparable con el número de Avogadro[1]⎯; y así le sigue bajando hasta llegar al pronóstico de las lluvias o el próximo partido de los Pumas.

En ese sentido la propuesta probabilística de la que se ocupa este libro es correcta, interesante, radical, ingeniosa, brillante y totalmente inútil. Ahí les va. Supongamos que la humanidad se parece a los dinosaurios en que alguna vez se va a extinguir. Quienes estamos vivos en la actualidad pertenecemos a una de las siguientes tres clases de seres humanos, o nos tocó vivir en los orígenes de la existencia de nuestra especie y faltan muchísimos humanos más por nacer, o existimos como a la mitad y los que ya existieron son casi tantos como los que faltan por nacer, o existimos al final de la carrera humana y la mayoría de los humanos ya existieron y quedan pocos por existir. Entra la estadística, que dice que lo más probable es que estemos en la tercera categoría. Y la estadística en manos de un filósofo sí es peligrosa, porque así aplicada se convierte en the doomsday argument ⎯el argumento de la extinción, si les parece⎯ y agárrate Catalina que vamos a galopear. Así, el libro se trata de explicar la estadística del argumento de la extinción ⎯unas veinte páginas⎯, las causas que podrían provocar tal extinción ⎯unas doscientas páginas⎯ y las razones de porque tal extinción es, incluso, éticamente justificable ⎯unas cincuenta páginas.

La estadística que justifica el argumento tiene su origen en el denominado problema de los tanques alemanes, de existencia real y comprensibles aplicaciones durante la segunda guerra mundial. El problema consiste en saber cuántos tanques tiene el ejército alemán. Los datos con los que se cuenta son los números de serie tomados de los tanques alemanes que han sido capturados. Si se pescó el tanque 2,417 se puede asegurar ⎯claro que se necesita creer que los alemanes cuentan y marcan correcta y meticulosamente cada tanque que producen, pero ésto ¿quién puede dudarlo?⎯ que hay al menos 2,416 tanques más. Entran los estadísticos. ¿Cuál es la probabilidad de que haya el doble? Ayudará tener más datos. Que se obtienen cuando se capturan más tanques. Una lista de n tanques capturados, con n muy cercana a 2,417 nos dirá que no hay muchos más ⎯tantos capturados y ¿no pescamos uno con número de serie mayor?⎯, etcétera [2].

La forma de argumentar con base en estas ideas sobre nuestra posición en la lista de los seres humanos que van a existir está basada en una pequeña variación. Imaginemos una urna donde hay N papeletas cada una con un nombre y que se incluye el nuestro. Si tu nombre sale entre los primeros diez ¿qué se puede decir acerca del valor de N? El resultado estadístico dice que lo más probable es que tu nombre salga más cerca del final que del principio. Así, si tu nombre sale entre los primeros diez, lo más probable es que el número total de nombres no sea mucho mayor que diez. Claro que siempre va a salir el nombre de alguien ⎯diez personas, de hecho⎯ entre los primeros diez, pero si el número N es muy grande, luego de esos primeros diez todavía hay una mayoría de nombres que no han salido, o sea que la probabilidad de que haya salido tu nombre ⎯donde tu es cualquier persona⎯ es muy pequeña todavía.

Listo. El argumento de la extinción dice que la probabilidad de que pertenezcamos a los últimos seres humanos que van a vivir es mayor que la de que pertenezcamos a los primeros. El fin del mundo está cerca. Dos cosas ayudan a fortalecer esa hipótesis. La primera es el argumento bayesiano, cuyo fundamento se puede describir como “[cuanto progresamos] si consideramos unos hechos básicos sobre la lógica inductiva: la lógica de aprender de la experiencia” (p. 200) [3]; y cuya aplicación se basa en que “la probabilidad, dada la evidencia e, de que la hipótesis h sea correcta, aumenta o disminuye en proporción con el aumento o disminución de la probabilidad de obtener esa evidencia si la hipótesis fuera correcta.” (p. 198) Lo que se empieza a entender luego de un ejemplo. Supongamos que vemos como se incluye nuestro nombre en cien urnas, noventa y ocho de ellas llenas con un total de mil nombres y dos llenas con solo diez nombres. Y luego, sin que sepamos cuál, se escoge una sola de esas urnas. ¿Cuál es la probabilidad de que tenga mil nombres? Exactamente 98%. Ahora supongamos que empezamos a sacar nombres de ahí. Y supongamos que sale el nuestro entre los primeros tres. ¿Cuál es la probabilidad de que la urna tenga mil nombres? El hecho de que el nuestro haya salido tan pronto favorece la interpretación de que quizá esa urna sólo tiene diez nombres. El argumento bayesiano ⎯que se calcula con una sencilla fórmula matemática⎯ dice que la evidencia reciente permite ajustar a posteriori nuestra predicción de tal manera que la probabilidad de que la urna en cuestión tenga mil nombres pasó de 98% a solo 33%.

La aplicación del principio bayesiano al argumento de la extinción viene de la evidencia a la siguiente pregunta. ¿Cuál es la probabilidad de que cualquier persona que haya vivido en historia de la humanidad sea mi contemporánea? O dicho de otra manera, ¿cuántos seres humanos de los que han vivido en la historia de la humanidad están vivos ahorita? Leslie lo calculó en 1996 como cerca de 10%, yo lo recalculé ayer y me salió 13%. Uno de cada ocho de los seres humanos que han existido jamás existe ahorita. Bayesianamente eso aumenta la probabilidad de que estemos cerca de la extinción de la humanidad.

¿Y qué? Pues nada. La probabilidad de que la extinción de la humanidad esté cerca es más alta de lo que se podría pensar de no saber de la lógica bayesiana. Bueno, bueno, ¿pero para cuándo se acaba el mundo? No, pues no sabemos. Como solo hay uno, no importa si la probabilidad de que se acabe en los próximos cincuenta años es 1% o 99%; que no se acabe en los próximos cincuenta años es compatible con ambos valores y, por cierto, que se acabe también lo es,
  • [E]l argumento de la extinción no anuncia firmemente que la especie humana va a desaparecer pronto. Cuando mucho sugiere que el riesgo de que desaparezca pronto es probablemente más grande de lo que sospechamos, y muy posiblemente mucho más grande. (p. 194)

Pero hay un segundo detalle que fortalece el argumento de la extinción. Y es uno que tiene que ver con lo que se ha hablado con ⎯demasiada, dirían algunos⎯ abundancia en estas páginas: el estado actual de nuestra especie. Dice Leslie,
  • Existen bases muy sólidas para creer que los siguientes ciento cincuenta años serán un periodo de grave peligro, y que si nos las arreglamos para escapar del desastre en ese periodo tendremos un excelente chance de que la raza humana sobreviva durante muchos más milenios, incluyendo la posibilidad de crecer a un tamaño enorme mediante la colonización galáctica. (p.202)

Interesantemente, desde su perspectiva de 1996, Leslie menciona entre las bases muy sólidas ⎯a las que dedica unas doscientas páginas⎯ de nuestro riesgo actual a la guerra ⎯nuclear y bacteriológica⎯, la destrucción de la capa de ozono, la enfermedad, la contaminación, las erupciones volcánicas, los asteroides, una supernova, algún desastre de la ingeniería genética, alguno de la nanotecnología, o del uso de las computadoras e, incluso, la producción local de un nuevo Big Bang. También menciona el cambio climático, pero como al pasar y medio perdido en esa larga lista. En mi humilde opinión, y desde mi punto de vista de 2013, la posibilidad casi cierta de un cambio climático mayúsculo es la amenaza más sólida que enfrentará la humanidad en los próximos años ⎯ciento cincuenta es tan buena cifra como cualquier otra. Me atrevo a proponer que nuestra percepción de las amenazas a la humanidad ⎯al menos entre los doomsayers⎯ ha cambiado radicalmente en los últimos diecisiete años, principalmente frente a la evidencia científica acumulada que asegura desastrosos efectos del cambio climático y a la cada vez mayor evidencia de que los seres humanos no vamos a modificar nuestra conducta mientras no nos empiece a llevar ⎯a todos, y no solo a unos cuantos⎯ el payaso.

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Pero regresemos a la estadística, aunque sea solo como promesa de otro choro mareador por venir. La idea anda dando vueltas desde hace varios años y recientemente suena fuerte y claro: estamos cerca de una reconstrucción de la teoría cuántica que nos resuelva el problema de su interpretación. Adiós a las paradojas, fuera gatos, dualidades ondas partícula, acción a distancia, incertidumbre posición momento. Los químicos dejaremos de depender de la interpretación de Copenhague de Niels Bohr. Y quizá tengamos una ética de trabajo distinta a la actual, sugerida por Mermin, que demanda “¡cállate y calcula!” Porque no hay duda de que la mecánica cuántica está bien. Sus predicciones son rotundas y concuerdan precisamente con la realidad. Nomás no sabemos interpretar algunas de sus implicaciones tras bambalinas. No que tengan mucho efecto, pero esas paradojas molestan.

Entra la estadística en su versión súper elaborada de teoría de la información. Para detalles más o menos comprensibles véase ⎯en orden decreciente de comprensibilidad⎯ el artículo de Phillip Ball en Nature (Nature 501:154-156, 12 de septiembre de 2013) o el increíblemente irritante libro de Scott Aaronson, Quantum Computing Since Democritus (Cambridge University Press, 2013) ⎯es irritante porque Aaronson jura que lo que sigue es fácil y que lo va a explicar en dos páginas, pero yo las leo y releo y no acabo de entender⎯. El asunto dice más o menos así,

  • Desde mi perspectiva, [la mecánica cuántica] trata de información y probabilidades y observables, y sobre cómo se relacionan entre sí.
  • […] La mecánica cuántica es aquello que inevitablemente se te ocurre si empiezas con la teoría de probabilidades y luego dices, vamos a tratar de generalizarla para que los números que acostumbramos llamar “probabilidades” puedan ser números negativos. Así, la teoría podría haber sido inventada por matemáticos en el siglo diecinueve sin necesitar los datos de ningún esperimento. No fue así, pero pudo haber sido. (Aaronson p.110)

O todavía más arrogantemente. Según vamos entendiendo, el universo puede ser determinista ⎯lo que quiere decir que dadas ciertas condiciones iniciales el destino está echado y sabemos qué pasará⎯, o puede ser probabilístico clásico ⎯lo que quiere decir que entre N posibles resultados, uno ocurrirá con probabilidad pi, necesariamente positiva⎯ o puede ser cuántico, es decir, probabilístico con probabilidades negativas ⎯distintas de las clásicas y que se manejan de otra manera.

Ya nomás para terminar. Fuchs [QBism, the Perimeter of Quantum Bayesianism, http://arxiv.org/abs/1003.5209v1 (2010)] desarrolla esta interpretación de la mecánica cuántica como una forma especial de la teoría de la información eligiendo como característica fundamental… la teoría bayesiana. Sí, esa de la lógica de aprender de la experiencia. Así, el estado cuántico que vemos refleja nuestra información incompleta. Nomás aumentamos nuestra información, y la probabilidad de que nuestra hipótesis sea correcta se modifica ⎯recuérdese “la probabilidad, dada la evidencia e, de que la hipótesis h sea correcta, aumenta o disminuye en proporción con el aumento o disminución de la probabilidad de obtener esa evidencia si la hipótesis fuera correcta”⎯. ¿Detalles? Estoy estudiando. Seguiremos informando.

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Ah, ¡el principio antrópico! Básicamente dice que un observador inteligente, es decir, capaz de observar y manipular el resultado de la observación, tiene que estar situado en un lugar que permita observadores. Un lugar especial que permita que el observador exista. O sea que sólo vamos a encontrar vida donde pueda haberla. O que el Universo tiene ese ajuste tan fino que tiene ⎯pequeñísimas variaciones harían imposible la existencia de átomos pesados como bien saben los químicos⎯ porque de otra manera no habría observadores observándolo, para decirlo provocadoramente. No es que el Universo exista para que nosotros lo veamos, sino que dado que lo vemos el Universo es así: perfectamente ajustado para que estemos en él.



[1] El total en pesos de la fortuna de Slim cubre, magramente, una y media billonésima (10-12) del número de Avogadro.
[2] La estadística no es certera pero le atina. El chisme dice que la predicción estadística obtenida de esta forma en la segunda guerra mundial se arriesgo a afirmar que los alemanes producían 246 tanques al mes en promedio, luego de la guerra, los datos encontrados en los registros alemanes permitieron asegurar que en promedio se produjeron 245 tanques al mes (véase http://en.wikipedia.org/wiki/German_tank_problem).
[3] Afectuoso guiño para mis induccionistas favoritos, lidereados por Rafael Moreno.